
Todo comenzó como un proceso profundamente personal. Necesitaba encontrar una forma de sobrellevar importantes pérdidas que, en muy poco tiempo, sacudieron mi vida. Algunas de ellas fueron pérdidas inesperadas, incluso trágicas, de personas muy especiales y de compañeros no humanos que habían sido pilares emocionales.
En medio del caos emocional, decidí formarme. Quería comprender lo que sentía, aprender a convivir con la ausencia e integrar la muerte como parte inevitable de la experiencia humana.
Sin buscarlo, comencé también a acompañar a otras personas en sus propios duelos. Personas que, como yo, necesitaban apoyo, espacio y escucha para atravesar el dolor que se vive incluso antes del fallecimiento.
Es necesario dar voz al duelo animal
Cada duelo es tan único como los momentos vividos y las huellas que siguen latiendo en nuestra memoria.
Y si bien esto es cierto para todos los tipos de pérdida, el duelo animal tiene una particular sensibilidad: todavía hoy es poco comprendido, muchas veces invisibilizado, desautorizado o incluso ridiculizado. Por eso es tan importante validarlo, darle voz y espacio. Quienes hemos amado profundamente a un animal sabemos que su partida es desgarradora y puede conllevar un vacío difícil de manejar.
Ahora, desde mi formación y mi experiencia personal, acompaño a quienes atraviesan el duelo ofreciéndoles herramientas para expresar sus sentimientos, dar espacio a la tristeza y transitar el proceso con respeto y empatía.
Esa empatía que los que hemos caminado el mismo sendero podemos ofrecer.
Me emociona profundamente ver como con el acompañamiento muchas personas logran abrirse, compartir su dolor y, poco a poco, volver a sonreír al recordar momentos compartidos con ese ser tan especial que dejó una huella imborrable para siempre en su vida.
Este servicio de acompañamiento tiene un enfoque complementario y no sustituye en absoluto la atención psicológica o clínica profesional.